REALIDAD HISTÓRICA DEL CAMINO DE SANTIAGO

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De "El Camino de Santiago realidad histórica y tema historiográfico".
Fernando López de Alsina


El estudio que se me propone desborda con creces mi capacidad para desarrollarlo dentro de los límites de las intervenciones previstas en esta IV Semana de Estudios Medievales. La razón es doble. Por un lado, no siempre es posible diferenciar como objetos de estudio distintos la cuestión específica del "Camino de Santiago" y la más general de la peregrinación a Santiago de Compostela. El Camino, como tal, no se puede explicar, si no se contempla como una consecuencia más del flujo peregrinatorio. Ahora bien, un enfoque semejante, que intentase plantear el estudio del Camino en su contexto explicativo más general, chocaría con la dificultad de dar aquí cumplida y exhaustiva cuenta de la extraordinaria multiplicación de publicaciones sobre la peregrinación jacobea -segunda de las razones- que ha tenido lugar en los últimos años.

Así pues, una vez enunciados estos postulados, se comprenderá mejor el enfoque que haré del tema propuesto, prestando sucesiva atención a las razones, agentes y características de la creciente demanda de publicaciones sobre la peregrinación y el Camino de Santiago, a la diversidad de propuestas que estas publicaciones ponen de manifiesto para definirlo, a los criterios que pueden identificar vías medievales de peregrinación a Santiago de Compostela, a la influencia de la concepción de L. Vázquez de Parga, J. M. Lacarra y J. Uría en los varios planos por los que ha discurrido la historiografía del Camino y, finalmente, a la propia realidad histórica del Camino, como objeto diferenciado de las vías de peregrinación.

La historiografía de la peregrinación jacobea sigue teniendo un hito de referencia obligada en la obra que Luis Vázquez de Parga, José María Lacarra y Juan Uria Ríu dieron a la imprenta en los años 1948-49 1. En alguna breve indicación de pasada y en las "palabras preliminares" los autores facilitan alguna de las claves para la mejor comprensión de su empresa científica.

La articulación del estudio, desglosado en seis partes de extensión desigual, ha ejercido una decisiva influencia en los estudios posteriores, y, sin embargo, responde a un esquema que les fue impuesto a los autores, cuyo desarrollo dependió del nivel de conocimientos de los años 40. En la sección introductoria se aborda el descubrimiento del sepulcro de Santiago y las primeras noticias sobre su culto, después de haber presentado la peregrinación y el culto a las reliquias en la Antigüedad pagana y cristiana.

La primera parte se ocupa de la peregrinación y los peregrinos jacobeos: sus cinco fases sucesivas -siglos IX y X, del año 1000 al 1200, del 1200 al 1400, los nuevos rasgos de la peregrinación del siglo XV y la crisis y decadencia moderna hasta llegar a los "últimos peregrinos" -, la caracterización de los diversos tipos de peregrino jacobeo por sus diferentes motivaciones, la indumentaria y los rituales practicados durante la peregrinación.

En la segunda parte se presentan las repercusiones de la organización de la peregrinación en seis componentes de la propia peregrinación: la definitiva configuración de la leyenda de Santiago, la composición de itinerarios y relatos de peregrinos, la formación de cofradías de ex-peregrinos, la protección jurídica dispensada al romero, la práctica de la hospitalidad y la fundación de hospitales a lo largo de los caminos y la sanación física y psíquica del peregrino.

La parte tercera agrupa las consecuencias sociales y culturales más visibles. Se plantean las repercusiones sociales, culturales y económicas de la instalación de "francos" en ciudades navarras, castellanas, leonesas, asturianas y gallegas del Camino en los siglos XI y XII. Se presenta la transfiguración épica del culto jacobeo y las consecuencias de la unión legendaria entre Santiago y Carlomagno. Se trazan las líneas de la utilización de la peregrinación jacobea como tema literario. Se evocan las canciones de los peregrinos y, finalmente, se plantean las consecuencias artísticas de la peregrinación en la arquitectura y la escultura de las iglesias románicas y la iconografía del Santiago peregrino.

Tras una consideración histórica preliminar sobre la formación de los caminos y las rutas de peregrinación (cap. 1) y otra sobre los caminos de Santiago a través de Francia (cap. 2), la cuarta parte -que ocupa el segundo volumen y es tan extensa como todas las anteriores juntas- reconstruye con gran acopio de datos seis antiguos caminos que seguían los peregrinos en la Península: el gran trayecto de Ostabat a Santiago (caps. 3-17) y los tramos más cortos de los puertos de Aspe a Puente la Reina (cap. 18), de Bayona a Burgos (cap. 19), de León a Oviedo (cap. 20), la llamada ruta de la costa desde Irún a Oviedo (cap. 21) y el tramo Oviedo-Santiago (cap. 22). En cambio, apenas se esbozan otros caminos: el portugués de Coimbra a Santiago (pp. 34-35), de Zamora a León (p. 35), de Zamora a Santiago por Verín, Allariz y Ourense (p. 35), de Cataluña por el valle del Ebro y Zaragoza a Logroño (p. 35-36) y la ruta marítima hasta los puertos gallegos de A Coruña, Muxía, Fisterra, Muros y Noia (p. 36-37).

El tercer volumen recoge una cuidada selección documental, un álbum de láminas y unos índices exhaustivos.

Este esquema figuraba en las bases establecidas por el Instituto de España en un concurso convocado para conmemorar en el año 44 "el XIX centenario del martirio del Apóstol Santiago". La colaboración estrecha entre los tres autores no fue óbice para que cada uno se hiciese plenamente responsable de su parte respectiva. La obra se redacta en plena Segunda Guerra Mundial, en los años 1943-44, que, a su vez, eran años difíciles de postguerra española. Cuando finalmente se publica el trabajo en 1948-49, después de haber introducido "alguna modificación de menor cuantía", los autores no han alterado una de sus conclusiones: la peregrinación a Santiago de Compostela, objeto de su curiosidad multisecular, ha dejado de existir. Son estos grandes conocedores de la historia de la peregrinación los que escriben: "hace algunos años, cuando todavía no se había extinguido completamente la peregrinación". En un peregrino de 1891. "podemos ver representado el final de una estirpe histórica, que circuló por todos los caminos de Europa y que hoy ha quedado reducida a estampa turistica de la ciudad de Santiago y sus alrededores"2. La constatación de la amplitud histórica de la peregrinación a Santiago, por parte de quienes acababan de escribir un auténtico tratado sobre ella, les abre los ojos sobre la ingente labor de investigación que todavía estaba por hacer y les deja "íntimamente convencidos de que el estudio de la peregrinación compostelana sólo podrá hacerse de un modo satisfactorio mediante la colaboración de las diferentes naciones que tomaron en ella una parte más activa"3. De hecho, el tratamiento de los temas propuestos en esta obra clásica se resuelve casi siempre con un claro desequilibrio, en el que priman mucho más los ejemplos peninsulares que los del resto de Europa.

La obra de Vázquez de Parga, Lacarra y Uría marca el comienzo de una nueva etapa en dos planos diferentes: la historiografía de la peregrinación y la inflexión en la propia realidad de la peregrinación compostelana, formulada ya como objetivo en 1884 por León XIII en su bula Deus Omnipotens. "que de nuevo emprendan peregrinaciones a aquel sepulcro sagrado, conforme a las costumbres de nuestros mayores". Fruto del empeño del arzobispo compostelano Muniz de Pablos (1935-48) fue la revitalización de la Archicofradía del Apóstol Santiago como instrumento para fomentar las peregrinaciones, refrendada por el breve de Pío XII del año 1942, la programación del Año Santo de 1943 y el comienzo en 1946 de las excavaciones en el subsuelo de la Catedral de Santiago. Desde entonces el ritmo de los Años Santos, celebrados según la misma cadencia que se puede rastrear hasta comienzos del siglo XV, jalona la reactivación de la peregrinación contemporánea al santuario gallego y el interés creciente por una mejor comprensión de su realidad histórica.

En la década de los 80 se puede hablar de efervescencia. Los esfuerzos más o menos continuados de la jerarquía eclesiástica se ven potenciados por las dos estancias de Juan Pablo II en la Catedral de Santiago (1982 y 1989), primer Papa que acude a Compostela. Por otra parte, el nuevo marco del Estado de las Autonomías multiplica el número de instancias políticas interesadas en el Camino, cuya articulación se intenta ordenar a través del Convenio Interministerial de abril de 1987, suscrito por los ministros de Obras Públicas, Cultura y Transporte. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y de una forma lenta y casi imperceptible al principio, pero constante y siempre creciente, la sociedad española fue cumpliendo una serie de etapas que la condujeron a la plena integración en su entorno europeo. Por su propia naturaleza y significación históricas, también las autoridades comunitarias acabaron por interesarse a nivel supranacional por la peregrinación jacobea y descubrir en el Camino de Santiago uno de los símbolos ejemplificadores de la deseada integración de los países europeos. En octubre de 1987 el Consejo de Europa declaraba al Camino de Santiago Primer Itinerario Cultural Europeo. La universal renovación del interés por el Camino traerá, sin embargo, como consecuencia negativa una desmesurada multiplicación de supuestos Caminos de Santiago, extendidos por demasiados países y tierras de Europa.

En las últimas cinco décadas el número de personas que visitaron Santiago de Compostela no ha dejado de aumentar, siendo especialmente llamativa la progresión de los que transitan al modo tradicional y solicitan al final de su peregrinación la Compostela, el viejo certificado medieval acreditativo (casi 100.000 en 1993). Diversas asociaciones han ido naciendo en los últimos años, no sólo para facilitar la práctica de la peregrinación contemporánea, sino también para fomentar su estudio histórico y abastecer así una demanda creciente de información e investigaciones.

En el Año Santo de 1948 vio la luz el primer número de Compostela, boletín editado por la Archicofradía del Apóstol Santiago hasta 1973. En 1950, milenario de la peregrinación de Gotescalco, se fundó la Societé des Amis de Saint-Jacques de Compostelle con sede en París, que también se propuso como fin estudiar de forma particular la peregrinación a Compostela y fomentar su continuidad histórica. Desde 1958 da cuenta de sus actividades en su boletín Compostelle, cuya nueva serie se inició en 1988.

Con motivo del Año Santo de 1954 se organizó en Santiago un ciclo monográfico sobre Santiago en la Historia, la Literatura y el Arte, que marca el inicio de un fenómeno desde entonces vigente, cual es la multiplicación de publicaciones ligadas a la celebración de los años jubilares, y se erige el Centro de Estudios Jacobeos, incorporado al Patronato "Marcelino Menéndez y Pelayo" del C.S.I.C., con la finalidad de impulsar los estudios de investigación en torno al Santuario del Apóstol Santiago. Desde 1956 viene editando Compostellanum, su órgano de publicación periódica.

En 1962 se legaliza en Estella la primera asociación de "Amigos del Camino de Santiago", pioneramente sensibilizada por lo "que este mismo Camino debe ser en nuestros días", como recoge el número cero de su boletín Ruta Jacobea (mayo, 1963). Fueron los primeros responsables de las Semanas de Estudios Medievales, cuya primera edición (1963) prestó ya atención al estudio de la peregrinación, atención recurrente en los años posteriores.

La celebración del nuevo Año Santo Compostelano de 1965 propició los contactos entre el Centro de Estudios Jacobeos y la Societé parisina. René de la Coste-Messelre, Georges Gaillard y Paul Guinard participaron, junto a catorce estudiosos españoles, en el primer Congreso Internacional de Estudios Jacobeos. Cuatro años más tarde se convocó, también en Santiago, el II Congreso Internacional de Estudios Jacobeos, le reunió "a los representantes de los Centros de Estudios Compostelanos y Sociedades de Amigos de Santiago de Harlem, París, Roma y Oporto". La colaboración de los distintos países, reclamada en su momento por Vázquez de Parga, Lacarra y Uría, estaba empezando a dar sus primeros frutos y José Guerra Campos no dejó pasar la oportunidad de presentar un primer balance, ya clásico, de "Bibliografia (1950-1969): Veinte años de Estudios Jacobeos 5, cuyo punto de partida cronológico era precisamente la obra de los tres autores citados, interpretada como referencia historiográfica capital.

El 7 de diciembre del Año Santo de 1971 fallecía el cardenal Quiroga Palacios, entusiasta continuador en la iglesia compostelana de la labor de Muniz de Pablos en favor de la peregrinación. Con su desaparición se entra en un nuevo ciclo de la peregrinación contemporánea, etapa de adaptaciones postconciliares y de transiciones políticas. La Archicofradía se paraliza. Dejan de editarse Compostela en Santiago y Compostelle en Paris. En 1979 se interrumpe la celebración de las Semanas de Estella. Sin embargo, la afluencia de peregrinos a pie de diversas nacionalidades se incrementa y se pone de manifiesto una ampliación de la gama de motivaciones que los mueven. Las consecuencias de la renovación se dejarán sentir plenamente en la década de los 80, cuando a lo largo de las diversas rutas de peregrinación nazca un nuevo y pujante movimiento asociativo y organizativo.

A nivel nacional, surgen a partir de 1986 una veintena de asociaciones de Amigos de los Caminos de Santiago, que impulsadas inicialmente por Elías Valiña adoptan la fórmula pionera de Estella y trabajan en la señalización y conservación del Camino, la credencial del peregrino, la apertura de albergues y la promoción de estudios e investigaciones. Constituidas en federación, han celebrado tres congresos -Jaca (1987), Estella (1990) y Oviedo (1993)- y desde 1987 editan el boletín Peregrino.

Peregrinos europeos de la década de los setenta y principios de los ochenta desencadenan también un espectacular movimiento asociativo, que en algunos casos promoverá líneas de trabajo científico y de investigación. En Italia, el Centro Italiano di Studi Compostellani (Perugia), fundado por Paolo Caucci, inicia en 1983 su ya amplia serie de publicaciones y congresos de tema jacobeo y edita desde 1988 su boletín Compostella En enero de 1983 se constituye en Inglaterra The Confraternity of Saint James, que tuvo a Derek Lomax como responsable científico. Se han editado ya 48 números de su Bulletin y en marzo de 1990 organizaron su primer congreso de estudios. La Sankt-Jakobus bruderschaft de Düsseldorf ha publicado desde diciembre de 1985 trece números de Die Kalebasse. En mayo de 1985 se erige en Brujas la Vlaams Genootschap van Santiago de Compostela, responsable de los 35 números de De Pelgrim En abril de 1986 se funda la Association des Amis de Sto Jacques de Compostelle valona, que ha editado 30 números de su boletín trimestral Le Pecten. En julio de 1986 se constituye la Nederlands Genootschap van Sint-Jacob, que desde 1989 se expresa trimestralmente a través de De Jakobsstaf.

Presidida por Robert Plotz, se instituye en Aquisgrán en febrero de 1987 la Deutsche St Jakobus-Gesellschaft, cuyo boletín se edita semestralmente desde 1988, bajo el título Sternenweg. Esta sociedad ha organizado desde 1987 varios congresos científicos y publica la serie Jakobus-Studien. En enero de 1988 surgen en Lausanne Les Amis du Chemin de Saint-Jacques. Association Helvétique, que ha editado semestralmente doce números de Ultreia.

También en Francia se deja sentir la revitalización. De la mano de René de la Coste-Messeliere la Société parisina inicia en 1988 la nueva serie de Compostelle y con la colaboración de sus sociedades regionales (Poitou-Charentes, Nantes-Bretaña, Picardía, Norte, Champaña, Lorena, Borgoña, Centro, Limousin, Auvernia-Borgoña, Ródano-Alpes, Midi-Pyrénées y Languedoc-Rosellón) trabaja por encargo del Ministerio de Cultura francés en el inventario normalizado de los Caminos de Santiago.

El aumento general del número de miembros en todas las sociedades -algunas están próximas al millar- da lugar a las reestructuraciones de crecimiento. De los desdoblamientos en Aquitania nacen las asociaciones de Pirineos Atlánticos y las Landas. En Alemania se constituyen en diciembre de 1988 la Frankische Sto Jakobus-Gesellschaft Wiirzburg y en Stuttgart, en septiembre de 1991, Ultreia La Cornish Society of St James of Compostela edita desde 1988 su boletín Perghyryn. En 1992 se funda en Dublín The Irish Society of the friends of Saint-James. En España nuevas asociaciones nacen lejos del Camino "francés": Guipúzcoa, Nava, Vizcaya, Valladolid, Valencia, Cuenca, Sabadell, Zaragoza, Murcia, varias en Asturias, etc. Casi siempre estas nuevas asociaciones acaban por encontrar -y en ocasiones señalizar- un nuevo Camino de Santiago.

Investigadores encuadrados o no en estas asociaciones y, con frecuencia, las asociaciones mismas han promovido desde 1983 o han participado en una larga serie de congresos, reuniones de estudio y exposiciones sobre los más variados aspectos de la peregrinación jacobea y sus caminos, que constituyen el principal soporte bibliográfico de mi trabajo 6.

Este incompleto repaso de las reuniones de estudio de tema jacobeo pone de manifiesto el marcado contraste entre el período 1971-1982 y 1982-1993, dos etapas sensiblemente distintas también en lo que a movimiento general de publicaciones se refiere, según apunta Femín Miranda García en su excelente Apéndice. Bibliografia (1949 1992), que acompaña la más reciente reedición de la obra de Vázquez de Parga, Lacarra y Uría7.

Gracias a los centenares de aportaciones de especialistas de diversos países se puede concluir que nuestro conocimiento ha avanzado considerablemente en prácticamente todas las cuestiones planteadas en su día por los tres autores mencionados. Sin embargo, los nuevos conocimientos han suscitado nuevos interrogantes. Quedan aún muchos puntos por esclarecer que se pondrán claramente de manifiesto el día que una nueva síntesis integre las nuevas aportaciones parciales y dibuje con mayor nitidez los perfiles históricos de una peregrinación del primer milenio que camina con paso firme hacia el año 2000. Uno de los puntos de reflexión ha de ser precisamente el concepto de "Camino de Santiago", cuyos perfiles aparecen claramente desdibujados en parte de la hístoriografía más reciente.

El resurgimiento contemporáneo de las peregrinaciones a Santiago -que en ocasiones influye perniciosamente en los trabajos de investigación hístórica publicados constituye un fenómeno extraordinariamente complejo. Independientemente de la motivación que lo mueva, el peregrino o caminante actual no ignora que sigue unas huellas milenarias. Una parte importante de la literatura que se publica son precisamente guías que, con mejor o peor fortuna, nunca dejan de recordar esa carga histórica de los caminos jacobeos. El riesgo que se corre es la proyección sobre la historia de esquemas y sensibilidades actuales y la mixtificación o, al menos, la malinterpretación inconsciente del pasado. ¿Cuántos caminantes o peregrinos actuales hacen también el camino de vuelta y, como antaño, regresan a pie a sus hogares? La sensibilidad contemporánea se proyecta también peligrosamente sobre el propio concepto de "Camino de Santiago".

Los peregrinos de la segunda mitad del siglo XX -asociados o no- han tenido que encontrar sus caminos hacia Santiago y han descubierto y reclamado, no sin razón, que a Compostela se llega hoy por muchos sitios y desde cualquier lugar. En ese sentido se ha llegado a afirmar que no hay camino y que tampoco hay meta, porque la meta es el camino mismo. Sin embargo, la hístoria nos descubre cuál fue la meta de una Peregrinatio ad loca sancta y nos indica que ha existido una jerarquización de rutas y caminos, según el distinto grado y frecuencia de su utilización por los peregrinos.

Varios son los criterios que se deben emplear en la reconstrucción de las rutas que históricamente han seguido los peregrinos. La noticia del paso de un romero por un determinado lugar no es suficiente para determinar la existencia de una ruta de peregrinación. Por el mismo motivo tampoco es concluyente el manejo aislado del itinerario que pueda haber seguido un peregrino que eventualmente llega a Santiago, porque el recorrido que ha seguido puede estar motivado por razones muy variadas y su itinerario no tiene por qué coincidir necesariamente con un camino de peregrinación. Sólo aquellos relatos, canciones, guías e itinerarios que atestiguan una práctica colectiva pueden merecer crédito.

Uno de los criterios más concluyentes a la hora de incorporar una localidad a una ruta de peregrinación jacobea es el que acredita el paso regular por ese lugar de un flujo de peregrinos a lo largo de un período de tiempo más o menos dilatado. Bien entendido que es preciso documentar el flujo, no sólo la posibilidad de que exista o haya existido ese flujo, como a veces se acostumbra a hacer. En este sentido es también claramente insuficiente la constatación de la existencia de uno o varios hospitales u hospederías en una localidad, incluso en el caso de que se aluda genéricamente al alojamiento de peregrinos, si no se puede comprobar que son peregrinos jacobeos de paso hacia o de vuelta de Santiago. Tampoco es criterio determinante que haya o no en una localidad una iglesia o un altar dedicado a Santiago. Sin embargo sí puede ser significativa la presencia de una cofradía de peregrinos o ex-peregrinos de Santiago. En cualquier caso, mediante la aplicación de estos criterios se habrá logrado identificar y localizar un punto de paso de peregrinos, sin que eso signifique que se haya conseguido aún trazar la línea que conduce al siguiente punto de paso documentado.

No se trata de estudiar por dónde se podía ir a Santiago, porque este planteamiento nos llevaría a inventariar casi todos los caminos medievales. Nos interesan las rutas efectivas de peregrinación y, en nuestro propósito actual, sólo aquellas rutas de peregrinación jacobea que han sido contemporáneamente identificadas como Caminos de Santiago. Un criterio seguro, quizás el más riguroso, valioso y concluyente, sea el de atender al nombre que los documentos de archivo aplican a los caminos. Sólo las menciones documentales de expresiones equivalentes a la de camino o vía de Santiago y su localización en el tiempo y el espacio nos sitúan ante la historia de la formación y la expansión de los Caminos de Santiago. Ni siquiera puede tenerse siempre por decisiva la referencia a un camino o vía francígena

En cualquier caso, los criterios indicados tienen que ser manejados siempre con gran prudencia. La valoración que pueda hacerse de cada referencia explícita deberá matizarse en función de coordenadas espaciales y temporales. Es posible que la utilización de la expresión Camino de Santiago, aplicada a un mismo punto geográfico a lo largo de los siglos, no signifique necesariamente lo mismo en el siglo XII que en el siglo XVIII, cuando quizá pueda ser un simple fósil. Sin que dejen de tener interés, tampoco se puede valorar de la misma manera las referencias a un camino de Santiago localizables en un punto cualquiera de Galicia, relativamente cerca de Compostela, que las referencias más lejanas a 1.000 Km. o más de distancia.

Para aclarar, ordenar y jerarquizar las diversas propuestas de rutas y caminos de peregrinación jacobea formuladas por la historiografía entiendo que se puede echar mano de un criterio que permita plantear el problema en términos seguros y fiables. Nada más útil que examinar cuáles y cuántos son los caminos que en la Edad Media llegan a la propia Compostela. El peregrino medieval que accedía al santuario de Santiago tenía que haber traspasado tres ámbitos espaciales que podemos considerar concéntricos: la muralla por alguna de sus puertas, el Giro de la ciudad por alguno de sus milladoiros y la Tierra de Santiago por alguno de sus puertos de mar o por los puentes tendidos sobre el Ulla, el Tambre o el Iso 8.

La segunda y última muralla fue construida en el siglo XI, siendo obispo Cresconio. El Giro -de 60 Km2 de superficie- es el primer elemento territorial de los que configuran el señorio de Santiago. Se delimitó a raíz de la concesión de las primeras tres millas por Alfonso II en el 834. Los milladoiros son aquellos puntos del perímetro del Giro atravesados por un camino. Se han podido documentar seis. Desde el siglo XI y hasta la Baja Edad Media, la línea perimetral imaginaria que une los milladorios y delimita el Giro marca el espacio urbano: "la ciudad de Santiago de milladoiro a milladoiro". La delimitación de la Tierra de Santiago por el mar y los ríos Tambre, Ulla e Iso la hace la reina Urraca hacia 1115. Si establecemos la necesaria correspondencia entre cada una de las siete puertas de la muralla, los milladoiros y los puentes por los que se salía de la Tierra de Santiago, este criterio nos permitiría fundamentar el principio de la existencia de siete Caminos de Santiago y jerarquizarlos de acuerdo con la longitud máxima que hayan podido alcanzar a lo largo de la Edad Media y el número de ramales o afluentes en los que hayan podido desdoblarse. Véamos cuáles eran estos siete caminos.

  • Por la Porta da Pena o de la Atalaya salía un primer camino hacia A Coruña o Crunia, así citada como ciudad importante por el Códice Calixtino antes de haber recibido el fuero de Alfonso IX en 1208. En 1451 se menciona el milladoiro del Giro de Santiago por el que pasa este camiño francés, que es identificado con el camiño da Cruña El paso del Tambre por el puente de Sigileiro está documentado desde principios del siglo X 9. Con este camino Santiago-Coruña, que no alcanza los 60 Km de longitud, enlaza una ruta marítima especialmente frecuentada en la Baja Edad Media por los peregrinos de las islas británicas 10.

  • Un segundo camino salía de Compostela por la Porta de Subfratribus o de San Francisco, cruzaba el rio Sarela por la Ponte Pedriña y el río Tambre en Ponte Albar. No hay constancia documental de milladoiro alguno. Su continuación hacia Bergantiños y el puerto marítimo de Malpica es clara, según Elisa Ferreira 11. Son casi inexistentes las huellas de peregrinación que sobre él se hayan podido estudiar.

  • Por la Puerta del Santo Peregrino o de la Trinidad, salía, a través de la Rúa das Ortas, el Camino de Finisterre, así nombrado en el plano de Santiago de 1595 del Archivo General de Simancas. Poco después de pasar el río Sarela, abandonaba el Giro por el milladoiro de la falda del monte Pedroso hacia la vecina aldea de Marmancou. Al menos desde principios del siglo X, salvaba el Tambre en Logrosa. Su trazado de casi un centenar de Km lo estudia también E. Ferreira 12 . La costa de Duio y el santuario de Muxía se integran tempranamente en las tradiciones jacobeas y son, con frecuencia, el complemento de la peregrinación a Santiago, sobre todo en los itinerarios de los peregrinos desde el siglo XV I3.

  • El cuarto camino de Santiago llegaba a la ciudad por la Porta Faxeira. El plano de Simancas la identifica con el camino de Pontevedra. Conduce hasta Iria y Padrón y salva el río Ulla en Pontecesures. Se prolonga hasta Tui, donde enlaza con los caminos medievales del norte de Portugal estudiados por Carlos Alberto Ferreira de Almeida 14. Los peregrinos portugueses recorrían caminos muy diversos 15. El uso jacobeo de esos caminos lo aborda Manuel Cadafaz de Matos 16. Hospitales para peregrinos que específicamente iban o venían de Santiago los había en 1459 en Viana da Foz do Lima (hoy do Castelo) y en Ponte de Lima -"em cujo caminho estrada a dita villa estaa", según señala José Marqués 17 Con este mismo fin existía en el siglo XV en Oporto el Hospital dos Palmeiros, según Luis de Pina 18.

  • El quinto camino medieval partía de la Porta da Mámoa o de Sussanis. Salvaba el Sar en Pontepedriña. No hay constancia o recuerdo de un milladoiro al salir del Giro. Se dirigía al oeste del Montesacro hacia el río Ulla y lo cruzaba en Pontevea. No parece estar marcado por el paso de peregrinos.

  • El sexto camino partía de la Porta de Mazarelas en dirección a Ourense, según aún acredita en el siglo XVI el plano de la ciudad conservado en Simancas. El tránsito por el Giro hacia Arines lo marcaba un milladoiro documentado en 1359. Recorría las tierras que se extienden al este del Montesacro, salvaba el río Ulla en Ponte Ledesma y penetraba en la Tierra de Deza. Desde Ourense conectaba con los caminos portugueses y con Zamora. Apenas existen datos sobre la prolongación medieval desde Zamora hacia el sur por la antigua Vía de la Plata.

  • En la historia de la ciudad medieval, la séptima y última vía es, por antonomasia frente a las otras seis, "el Camino". Esta connotación es, además, muy temprana. Se gesta en los siglos X y XI, cuando la villa compostelana estaba aún ceñida por sus primeros muros. A pocos metros del portal septentrional de la basílica altomedieval se abría la puerta norte de esta primera muralla, por la que se salía al Camino. Su primer tramo bordeaba, por su costado sur, el foso de la muralla y, por su costado norte, la casa de Besulio y tierras de labor o agros, antes de ensancharse para formar el Campo, área extramuros donde se celebraba el mercado en el siglo X. Pasado el Campo -hoy plaza de Cervantes-, el Camino continuaba hasta el milladoiro de San Marcos.

Su transformación en calle es relativamente temprana. Se delimita primero el lugar de Pinarío, solar monacal de la comunidad de la Corticela. A fines del siglo X se funda en el Campo una de las pocas iglesias gallegas dedicadas a San Benito, advocación que ha llegado por el Camino. En Pinario se levanta el oratorio de San Martín "de Fora". La construcción de la segunda y última muralla, en el segundo tercio del siglo XI, secciona esta séptima vía con una puerta que lógicamente es bautizada Francigena o del Camino.

El tramo intramuros se ha desdoblado sucesivamente en el Vicus francorum o Rúa grande (Azabachería en el siglo XV), en el Forum maioris y en la Rúa del Camino (hoy Casas Reales). El tramo extramuros sigue siendo el iter francorum o el Camino, hasta que se urbanice también como Rúa de San Pedro.

Quizá la puerta del Camino haya recibido ya en el siglo XI el nombre de francigena, porque se construyó sobre una vía que entonces era ya camino denominado de francos, mucho antes que ninguno de los otros seis caminos. De éstos lo diferenciaba también una mayor actividad. Al final del siglo XI, cerca ya de la Catedral, se instalan la ceca y las tablas de los cambiadores. En el Paraíso, que precede a la única puerta francigena de la basílica románica, se venden multitud de artículos a los peregrinos. En 1124 el tesorero Bernardo construye una fuente para aliviar la sed de los romeros. De los siete grandes accesos a la ciudad, es éste el que acoge desde fines del siglo XI el hospital de peregrinos. El camino francés cruzaba el Giro en el milladoiro del Monte del Gozo y dejaba la Tierra de Santiago en Ribadiso.

El Camino de Santiago por antonomasia es, pues, la arteria cuyo trazado se nos describe en el Libro V del Códice Calixtino. Desde Sancho Garcés I de Navarra todas las tierras por ella atravesadas han sido sustraídas al Islam y se han incorporado a los reinos cristianos. En ella sorprendemos a Gotescalco, tanto a la ida como a la vuelta por Albelda. Su temprana condición de strata se refleja documentalmente de oeste a este en Fonfría (969), Orbigo (885), Carrión (999), Villavascones (971) o Grañón (999).

La creciente circulación en ambos sentidos durante el siglo X y la primera mitad del XI da lugar a la cristalización de sus dos primeros nombres principales a partir de 1050. La connotación jacobea -Camino de Santiago-, descartada la falsa mención de Boente (897), se utiliza en el siglo XI a su paso por las localidades siguientes: Barbadelo (1089), Villamoratiel de las Matas (1089), Arconada (1047), Nájera (1079) y Zarapuz (1090). Como camino, vía o calzada de francos, además de la utilización en Compostela, se emplea tempranamente a su paso por el Bierzo (1074) y Alesanco (1079). El sentido que deba darse en el siglo XI al término francos puede captarse perfectamente en la mención de un puente y calzada de francos en el Bierzo en 1074. Dos años antes, en 1072, Alfonso VI se refiere al paso por el valle de Valcárcel de peregrinos y mercaderes naturales de Francia, Italia y Alemania. A ese conjunto de gentes se les llama en la Peninsula los francos, quizá como recuerdo de la antigua integración de esas tierras en el imperio carolingio. En este sentido el camino en el siglo XI es también un camino que nace en algún lugar más allá de los Pirineos, es decir, francigena.

Como acabamos de ver, su utilización comercial y el consiguiente establecimiento posterior de peajes a lo largo de su recorrido son también tempranos. Con toda seguridad se cobraban los peajes desde antes de 1050. Los viejos aranceles de Autares, establecidos por los predecesores de Alfonso VI, son suprimidos por éste en 1072. También los de Jaca y de Pamplona estaban en vigor antes de Sancho Ramirez.

Justamente desde el pie de la barrera montañosa, que desde el punto de vista peninsular podía limitar por el sur el área de los francos, el autor del Libro V del Códice Calixtino marca una clara diferencia con las cuatro vías que, según su testimonio, recorrían la Francia actual. Sólo desde Borce/Somport y desde Saint-Michel/Port de Cize los dos caminos, que unidos en Puente la Reina, según el Calixtino, continuaban hasta Compostela, tienen etapas separadas por jornadas.

El Libro V del Calixtino levanta acta de una realidad histórica tal como era percibida hacia 1137. El largo Camino de Santiago que en él se describe es el único que, como hemos indicado, mencionaban los documentos desde mediados del siglo XI. Muy probablemente fue ésta la primera ruta que en los núcleos cristianos occidentales se configuró como camino público, calificativo que a su paso por Carrión ya le aplica la parte de la Historia Compostelana redactada hacia 1124. Este carácter de camino real y público parece estar en la base de la actividad de Alfonso VI, garante e impulsor de la construcción de todos los puentes existentes desde Logroño a Compostela. Al poner en contacto el área transpirenaica de los francos con Santiago de Compostela en un recorrido de más de 800 Km. se acuñó la doble expresión de Camino de Santiago y Camino de francos. De ahí, seguramente, que a otros caminos del reino castellano-leonés, que se articulan como públicos o reales después que el Camino de Santiago, se les pueda aplicar también la misma denominación de caminos de francos o franceses, semánticamente ampliada ahora como sinónimo de vía pública o real.

La causa principal de que la imagen de Camino de Santiago, colectivamente acuñada antes del siglo XI, cristalizase inicialmente en una sola de las siete grandes vías que finalmente llegaban a las puertas de la ciudad de Compostela y la caracterizase a lo largo de casi 900 Km. de su recorrido peninsular hacia 1137, no puede ser otra que la intensidad y la frecuencia con que la utilizaban quienes iban a Compostela. Si ciertamente había habido más rutas que conducían hasta Santiago, la formación y extensión "del Camino" medieval por antonomasia obedece en último término a una de las características definitorias de la peregrinación jacobea como peregrinación mayor en la Edad Media, es decir, su capacidad de atracción para los pueblos ultrapirenaicos.

Para finalizar abordaré tres cuestiones que la historiografía ha suscitado con mayor insistencia en relación con esta séptima ruta de peregrinación: la existencia previa de un camino primitivo más septentrional, los afluentes o ramales peninsulares que históricamente se le añaden y su prolongación más allá de los Pirineos.

Una frase de la llamada Crónica Silense y los ecos e interpretaciones de que fue objeto en otras crónicas posteriores de los siglos XIl y XIII han dado pie para justificar la existencia de primitivos caminos de Santiago más septentrionales. Sin ánimo de agotar las posibles exégesis, creo que para interpretar correctamente aquella noticia debe tenerse en cuenta que el Silense escribe después de 1110, cuando en la Península ha cristalizado un camino de Santiago por La Rioja -desde los Pirineos a Nájera-, posible y segura, como hemos visto, desde Sancho Garcés I. Sólo desde la existencia de esta ruta de La Rioja, practicable desde ca. 924 y seguida por Gotescalco a la ida y a la vuelta en 950/951, puede entenderse la referencia a un desvío o retroceso por Álava, ocasionado por el temor a los musulmanes. La ruta pudo volverse momentáneamente insegura a finales del siglo X, a causa de las campañas de Almanzor. Para esos años es posible que algún peregrino haya preferido el desvío por Álava. Pero muerto Almanzor, Sancho el Mayor de Navarra restablece definitivamente la seguridad del Camino a través de La Rioja. A mi juicio, esta podría ser una interpretación aceptable del oscuro pasaje del Silense y de los que de él derivan.

Me parece poco acertada la opinión de quienes interpretan esta noticia para afirmar que hasta Sancho el Mayor el Camino de Santiago discurría por tierras de Álava. La historiografía no ha conseguido aportar el más mínimo dato que permita vislumbrar huella alguna de esta primitiva ruta de peregrinación 19 . Al contrario, como hemos indicado, la propia cristalización documental de la denominación "Camino de Santiago" parece ser posterior a Sancho el Mayor. Tampoco es aceptable la utilización de esta noticia para fundamentar la existencia en los siglos IX, X u XI de un Camino de Santiago a lo largo de la cornisa cantábrica.

Quizá una de las grandes lagunas en el tratamiento historiográfico del tramo hispánico del camino descrito en el Calixtino sea la ausencia casi total de su dimensión diacrónica. La obra de Vázquez de Parga, Lacarra y Uría sólo atiende a la cronología al estudiar la formación de la ruta. Siendo uno de sus objetivos, plenamente logrados, identificar de la forma más detallada posible su recorrido concreto y preciso, acumularon en el volumen segundo noticias de muy diversa naturaleza y cronología, que acreditaban el paso del Camino por un determinado lugar. Sin embargo, lo que fue plenamente legítimo para justificar un determinado trazado, se convirtió en método en estudios posteriores. Muchas concepciones del Camino han quedado lastradas por una imagen lineal y acronológica. Es más necesario que nunca que los estudios distingan las diversas fases por las que atravesó el Camino, para poder captar mejor su mutante realidad histórica en una sociedad también cambiante.

Entre las transformaciones más interesantes que se advierten a partir de ca. 1150, merece especial atención la creciente afluencia de peregrinos por otras rutas que acaban incorporándose al más largo Camino, descrito en el Calixtino, ya plenamente constituido. A medida que la frontera con Al-Andalus desciende hacia el sur, se abren a la peregrinación jacobea nuevas rutas aún muy escasamente estudiadas. En cambio, se conoce mucho mejor el tránsito de peregrinos por ciertos puntos de los caminos septentrionales que afluyen finalmente al costado norte del Camino del Calixtino.

Un importante factor de integración de estas rutas en los itinerarios de los peregrinos jacobeos lo constituyó la reactivación de las comunicaciones marítimas en el Cantábrico -cuyos efectos los hemos visto ya en el camino de Santiago a La Coruña- y la intensificación de la peregrinación a San Salvador de Oviedo. Como foco de una romería autónoma, distinta de la jacobea, atraerá también numerosos peregrinos ultrapirenaicos.

Los orígenes de esta romería son difíciles de documentar. En 1075 Alfonso VI impulsa el antiguo culto al Arca Santa, objeto que centrará la veneración de los peregrinos, quizá para reforzar la posición de la sede ovetense en un momento delicado de la reorganización del mapa episcopal peninsular. Se ha visto en otra donación real (1096) la primera mención de los peregrinos ovetenses. Pero la copia del siglo XVI sólo indica que el palacio ovetense, donado a San Salvador y al obispo Martín, albergará pauperes Christi.

El culto al relicario asturiano generará también unos Caminos de Oviedo para sus peregrinos. Se han estudiado dos. Uno es el camino que desde antiguo partía de León hacia Pajares. Desde mediados del siglo XIII se denomina francés a este camino de Oviedo a León. Romeros y transeúntes también se sirvieron de los puertos de San Isidro y Leitariegos. Es en el más oriental de los tres, San Isidro, donde más tempranamente (1111) se funda un albergue para peregrini et viatores. En el primer albergue de Arbas (1117), los peregrinos se suponen difuminados, sin duda, entre los transeuntibus. Más cerca ya de Oviedo, en Monte Copián, Alfonso VI prevé en 1103 un albergue para transeuntibus pauperes et divites, que pasan a ser pirigrinos vel transeuntes, cuando en 1143 se encomienda de nuevo a la sede ovetense que instale allí un religioso. Inequívocamente como peregrinos Sancti Salvatoris in Asturiis, se mencionan en el estatuto protector de Alfonso IX.

El otro Camino de Oviedo comunica con Santiago, a través del puerto del Acebo -límite entre Asturias y Galicia-, Puebla de Burón, Castroverde, Lugo y Melide. En el siglo XV, al salir de Oviedo, se le denomina "camino real" y "camino público que va para Santiago". Podría ser la ruta habitual y más directa entre Santiago y Oviedo desde el siglo IX, lo que explicaría el temprano interés de la sede compostelana por disponer de algún enclave en el camino de la ciudad regia y hacerse donar por Alfonso III en 883 y 889 varios bienes que están en diversos puntos del commisso de Tineo por los que transita el camino, precedente y fundamento del posterior hospitali quod est in strata, que en 1181 poseía en la Espina de Villarmilde.

Es a su paso por Obona en 1214 cuando consta por primera vez que se le aplique el calificativo de francisco, análogo al que Alfonso IX aplica al tramo del Camino de Santiago que atraviesa el reino de León: camino francisco a Mansella usque ad Sanctum Jacobum. Otros datos concurrentes apuntan efectivamente hacia Alfonso IX como el rey leonés más interesado por convertir esta vía en camino público, tanto más útil antes de la definitiva unión con Castilla. En 1204, en Melide, punto de entronque con el Camino de Santiago que viene de Pedrafita, se constata por primera vez la conciencia de aquel es el "camino de Oviedo", conciencia pareja a la que, en sentido inverso, reflejan en Obona las palabras del propio rey en 1222: "caminus qui vadit de Sancto Salvatore ad Sanctum lacobum ': Al mismo monarca se debe también la transformación entre 1210 y 1222 de Melide y Tineo con sendas populationes. En tanto que camino francisco o público, cae ahora bajo la tutela real y compete al monarca establecer su trazado y obligar a circular por él. Alfonso IX establece en 1222 que el camino pase por Obona y por Tineo y que los peregrinos no sean desviados de esta ruta.

Así pues, a partir de los primeros años del siglo XIII ha cristalizado el único ramal medieval del Camino de Santiago -Oviedo/Melide- que, en consecuencia, conocido también como "Camino de Santiago". El santuario ovetense ha quedado incorporado a la curiosidad y a las devociones de los peregrinos jacobeos de ultrapuertos, no sólo de los que en el siglo XII pudieran haber desembarcado en Gijón o Avilés, venerado al Salvador y continuar a Santiago por el camino de Lugo o por el de León, sino también de los que, como dice un texto de ca. 1200, llegados a León, se desviaban durante dos jornadas a Oviedo y de allí marchaban por Lugo hasta Santiago invirtiendo otras cinco. Tanto el silencio del Códice Calixtino, como el conjunto de datos coincidentes en el reinado de Alfonso IX (1188-1230), parecen apuntar que fue hacia 1200 cuando se estableció definitivamente y cristalizó la relación entre las dos peregrinaciones20.

Con esta única excepción, motivada por la existencia de un santuario de peregrinación en Oviedo, ninguna de las otras rutas de peregrinación más septentrionales parece que haya llegado a ser denominada en la Edad Media "Camino de Santiago" 21. Se puede haber aplicado a alguna de esas rutas la expresión "camino francés", pero esta denominación no tiene ya la equivalencia con que nació en el Camino de Santiago en el siglo XI. Por esos caminos, si son franceses -es decir, reales o públicos- con mayor razón, habrán transitado peregrinos jacobeos anónimos, como los que en 1382 consta que se acogían a la caridad de los frailes de Vilaourente en Mondoñedo o los que en 1536 pasaban por Vitoria. Aunque los itinerarios de los peregrinos jacobeos del siglo XV nos describen rutas muy variadas, no consta que el principal y más largo "Camino de Santiago" de la Edad Media haya llegado a desarrollar en la península otros ramales distintos del ovetense.

Finalmente, hay que plantear el problema muy vivo en la historiografía más reciente de la "longitud" del Camino de Santiago, es decir, su proyección y vigencia más allá de los Pirineos. En el centro de la discusión se encuentra la interpretación que se ha de dar al testimonio del Libro V. Como es sabido, el Calixtino postula la existencia de cuatro caminos de Santiago en Francia. Ahora bien, ninguna de estas cuatro vías se presenta como una sucesión articulada de etapas y jornadas, a diferencia de lo que ocurre con los tramos comprendidos entre Borce y Saint-Michel hasta Santiago de Compostela. Ajuicio de Lacarra esta distinción implicaba que las cuatro vías francesas del Calixtino no eran propiamente Caminos de Santiago: "el Camino de Santiago, la vía internacional conocida con este nombre, no se forma hasta aproximarse a tierras de España" 22. En el extremo opuesto cabría situar la inconcebible multiplicación de "Chemins de Saint-Jacques" que en 1988 proponía el Consejo de Europa en una mapa todavía provisional 23.

Un conjunto creciente de evidencias, acumuladas desde 1965 en el Centro de Estudios Compostelanos de París y dadas a conocer en sucesivos trabajos por René de La Coste-Messeliere 24, muestra que, al igual que ocurre en el tramo peninsular, estas cuatro vías francesas también se citan como caminos de Santiago en las fuentes documentales de los siglos XII al XV. Cabría, pues, deducir que había realmente esos cuatro caminos públicos en la actual Francia, cuando hacia 1137 se redacta el Libro V, y que al menos en la parte de su recorrido más cercana a los Pirineos empezaban a conocerse también con el nombre de Caminos de Santiago.

La vía tolosana (Arlés-Saint Gilles-Montpellier-Toulouse-Somport) es la vía pública Sancti Jacobi en un texto de Montpellier (1132. Si esta mención puede darse por buena, nos sitúa en 1132 ante una prolongación del Camino público de Santiago peninsular que alcanza así más de 1.200 Km. de longitud. Quizá subrayando el carácter de camino público aparece el término "francés" en otro texto de 1196 que cubre el tramo Toulouse-Auch: "in camino sancti Jacobi frances pro quo homines perqunt de Tolosa apud Auxim':

Para la vía lemovicense (Vézelay-Limoges-Périgueux-Ostabat) cabe aducir la referencia a los hospitales de la strata publica Sancti Jacobi desde Bazas a Roncesvalles (1290), que vale también para los comprendidos en el tramo Condon-Roncesvalles de la podiense (Le Puy-Conques-Moissac-Ostabat). La vía turonense es el magno itinere Sancti Iacobi a la altura de Melle en el siglo XIV, cuando diversos testamentos dejan mandas para los hospitales que están sobre el Camino de Santiago, desde Burdeos hasta Roncesvalles o hasta Pamplona.

Cuando se lleve a cabo en Francia una investigación sistemática de las fuentes documentales se podrá determinar si estos cuatro caminos de Santiago se habían formado antes de la redacción del Libro V del Calixtino, como claramente parece ser el caso de la vía tolosana. Se podrán explicar las razones de las tempranas conexiones de Limoges, Tours y Le Puy con la iglesia de Santiago 25. También se entenderá más fácilmente la ubicación en Borgoña hacia 1120 de la primera cofradía conocida de ex-peregrinos de Santiagoo 26, sabiendo que los peregrinos borgoñones y alemanes frecuentaban la vía podiense, según el Códice Calixtino.

El análisis de las fuentes permitirá determinar hasta dónde, en el curso de la Edad Media, han llegado a extenderse las ramificaciones del más largo de los siete "Caminos de Santiago". Sólo entonces estaremos en condiciones de valorar en sus dimensiones reales lo que realmente ha significado el Camino -no el culto de Santiago, la peregrinación jacobea o sus rutas- y podremos proponemos como objetivo el estudio sistemático de lo que históricamente el Camino haya podido representar en todos sus tramos para los territorios marcados por el paso de los peregrinos.

EL CAMINO DE SANTIAGO:
REALIDAD HISTÓRICA
Y TEMA HISTORIOGRÁFICO

Fernando López Alsina