Peregrinos ingleses en el Camino de Santiago Riojano

"LOS PEREGRINOS INGLESES MEDIEVALES A SANTIAGO DE COMPOSTELA "
Maria Luisa Lázaro Larraz
Carlos Villar Flor
FILOLOGÍA Nº. 21 I.E.R LOGROÑO 2004


II. LOS PEREGRINOS INGLESES MEDIEVALES A SANTIAGO DE COMPOSTELA

Para el estudioso de la literatura inglesa relacionada con el Camino de Santiago, la Edad Media es, probablemente, el periodo más sugestivo de cuantos pueda abordar en el ámbito de su investigación. La Edad Media no es sólo la época en que las lenguas vernáculas se constituyen en vehículo de expresión literaria, sino también en la que el Camino de Santiago alcanza su máxima expresión. Es lógico pensar que tanto la importancia que se otorgaba a la peregrinación como el elevadísimo número de peregrinos debieron de traducirse en una amplia producción de textos que abarcaran los diferentes aspectos de la peregrinación.

Fuentes

Sin embargo, si desde un punto de vista estrictamente histórico las peregrinaciones inglesas durante los siglos XI, XII y XIII son, según Derek Lomax, las mejor documentadas, desde un punto de vista literario existen muchas más dificultades. Lomax ( 1985: 165) cita como fuente principal de información "the Public Records Office", entre cuyos abundantes documentos se pueden encontrar miles referidos exclusivamente a las peregrinaciones jacobeas. La información contenida en estos documentos hace referencia a asuntos tales como nombre y filiación de los peregrinos, salvoconductos, cartas de recomendación, disposiciones testamentarias, licencias de embarque, etc., que, si bien de gran valor para el historiador, poco o nada aportan al estudioso de la literatura en general.

Encontramos, pues, que lo que constituye un aspecto diferenciador y ventajoso para el estudio histórico del peregrinaje inglés no lo es a la hora de realizar un estudio literario y que, en este sentido, nos enfrentamos a los mismos problemas de documentación que los estudiosos de cualquier otra literatura europea. La escasez de manuscritos medievales conservados, por una parte, y la dificultad de acceder a las escasas ediciones existentes, por otra, hacen que abordar un estudio literario sobre textos ingleses medievales referidos al Camino de Santiago requiera una considerable inversión de tiempo y recursos. Como es lógico, los textos originales de esta época están escritos unas veces en latín y otras en inglés medieval, un inglés que presentaba profundas diferencias dialectales y que, por lo tanto, requiere para su entendimiento un profundo conocimiento de estas variedades, aunque la mayoría de las ediciones a las que se tiene acceso sean adaptaciones al inglés actual. La documentación permite establecer el número y la importancia de las peregrinaciones, así como el tipo de peregrino medieval. Las adaptaciones y traducciones, por su parte, ofrecen una visión más personal de las experiencias y vicisitudes de esta figura histórica.

Hemos hecho referencia al carácter narrativo de algunos documentos históricos medievales, que, de nuevo siguiendo a Lomax, se pueden dividir en dos categorías: narrativos y burocráticos. Los documentos pertenecientes a los siglos XI y XII ofrecen un marcado carácter narrativo ya que, en su mayoría, toman la forma de crónicas e introducen elementos caballerescos y anecdóticos. Este carácter de narración se pierde a partir de 1201, fecha en la que se comienza a levantar acta de los movimientos, disposiciones y legados de los peregrinos, nobles principalmente, con una finalidad exclusivamente burocrática, de poco interés para nuestro enfoque.

Primeros peregrinos


Sin embargo, y aun centrándonos en los documentos históricos de carácter narrativo, no sería posible trazar un perfil real y exacto de los peregrinos medievales ingleses, ya que en ellos se hace referencia únicamente a personajes de cierta entidad, bien por su posición social, bien por su riqueza, obviando la presencia de otro tipo de peregrino, presumiblemente más numeroso, en las rutas jacobeas. Para completar este perfil, es necesario recurrir a otras fuentes, como la biografía de San Godric, los relatos de los milagros de Santo Tomás Becket, San Guillermo de Norwich o San Rugo, entre otros, en los que se menciona a peregrinos de distintas extracciones sociales.

En los documentos de los siglos XI y XII aparecen los nombres de varios nobles que se disputan el honor de haber sido el primer peregrino procedente de Inglaterra de cuyo viaje quedó constancia escrita. Entre ellos, y dependiendo de las fuentes, figuran Walter Giffard, señor de Longueville, un caballero normando, que, según Wace (cf. Lomax 1985: 166), participó en la batalla de Rastings y cuya peregrinación se fecha alrededor del año 1064. Según Vázquez de Parga (1949: 51), el honor corresponde a Angost de la Raye, terrateniente de Lincolnshire, que pudo viajar a Santiago entre 1093 y 1120. Otras fuentes (Farrer 1916) citan a Richard Mauleverer, de Yorkshire:

The earliest recorded pilgrim from England to Santiago de Compostela was such a man (a knight regarding bis knighthood as a Christian vocation). His name was Richard Mauleverer, the village where he held his property still bears his name -Allerton Mauleverer, about ten miles west of York -and he made bis pilgrimage shortly before 1105 (no.729)1


El último de los candidatos es Hugh de Montgomery, conde de Shrewsbury, quien, acompañado de su hermano Arnulf y de su mayordomo Gual, viajó a Compostela entre 1094 y 1098 (Lomax 1985: 168).

Pero, independientemente de cuál de ellos fuera el primero en llegar a la tumba del Apóstol, ninguno merece con propiedad el título de peregrino inglés, ya que todos eran caballeros normandos, aunque afincados en Inglaterra tras la victoria de Guillermo el Conquistador. No ocurre lo mismo con las damas nobles, ya que Matilde, hija de Enrique I de Inglaterra y viuda del emperador Enrique V de Alemania, ostenta en solitario el honor de ser la primera peregrina inglesa. Esta noble señora no sólo viajó a Compostela en 1125, sino que además regresó a su país llevando consigo la mano del Apóstol Santiago que fue otorgada por su padre, Enrique I, a la abadía de Reading, donde se veneró hasta el saqueo por orden de Enrique VIII (Bentley 1992: 23-25).

El honor de ser el primer peregrino anglosajón conocido corresponde, según todos los indicios, a San Godric de Finchale, una figura cuyo interés, al margen de su importancia religiosa o histórica, radica en una serie de características personales que probablemente lo acercan al perfil de peregrino anónimo más frecuente en la Edad Media (cf. Lomax 1985: 170-2). Aunque San Godric no era noble ni rico, tenemos constancia de su peregrinación, e incluso de la fecha exacta, gracias a una crónica de cruzados en la que se refieren al santo como al "pirata inglés que transportó al rey Balduino I desde Arsuf a Jaffa, el 29 de Mayo de 1102 e inmediatamente después volvió a casa visitando Santiago en el camino." (Ibid., págs. 33-34; Alberici Aquensis Historia Hierosolumitana, lib. IX, cap. IX). Los demás datos sobre la vida y las múltiples peregrinaciones de San Godric las encontramos en la biografía que un cierto Reginaldo escribió en el siglo XII y que fue publicada en 1845. En esta biografía se nos presenta a San Godric como un hombre de origen humilde, nacido en Norfolk hacia 1070 y extremadamente piadoso, lo que no le impidió ejercer los oficios de mercader, buhonero y pirata, además de peregrino y eremita. Es esta combinación de santo y aventurero lo que hace que la figura de San Godric sea especialmente fascinante. ¿Habría muchos peregrinos con un perfil similar? Quizá, pero nadie se ha molestado en escribir sobre ellos.

No obstante, como ya hemos dicho anteriormente, en los relatos de milagros realizados por distintos santos ingleses aparecen los nombres y las circunstancias de peregrinos no pertenecientes a las clases altas. Lo curioso es que lo hacen como una excusa para establecer una comparación entre los poderes de los diferentes santos. Este es el caso, por ejemplo, de Ralph de Attenborough, que sufría continuos ataques de locura y decidió peregrinar a Santiago en busca de curación. La peregrinación pareció surtir efecto, pero de regreso a Inglaterra sufrió una recaída, de la que sólo se recobró después de orar toda una noche ante la tumba de Gilbert de Sempringham, que sería canonizado más tarde y en cuyo dossier de canonización aparece esta historia.

También en la colección de milagros de Santo Tomás Becket, Benedicto de Peterborough relata cómo los peregrinos ingleses que se disponían a cruzar el Canal de la Mancha, al comienzo de su peregrinación, se encomendaban no a Santiago, sino a Santo Tomás, que debía de gozar de mayor confianza entre sus compatriotas. Otra curiosa historia sobre rivalidades santeras, relatada en esta misma colección de milagros, es la del obispo de Armenia, que habiendo sido milagrosamente liberado de las garras de los musulmanes, visitó Roma, Colonia y Santiago buscando un santo al que poder agradecer tal milagro. El obispo no dio con el santo adecuado hasta que no llegó a Canterbury y oró ante la tumba de Santo Tomás Becket.

En Los Milagros de San Guillermo de Norwich, aparece una referencia a la primera peregrina inglesa perteneciente a las clases populares cuyo nombre conocemos. Se trata de Botilda, esposa de Gerardo, cocinero del capítulo de la catedral de Norwich, que realizó su viaje en los últimos años del siglo Xll ya quien San Guillermo salvó de morir ahogada en el transcurso de una terrible tempestad en el Canal de la Mancha. Además de ésta, pocas son las referencias a peregrinas que aparecen en los documentos de los siglos XI y Xll, entre otras razones porque tanto el viaje por mar como el terrestre implicaban peligros añadidos para las féminas que no pudieran permitirse el acompañamiento de un séquito protector y, en su defecto, carecieran del arrojo y la fuerza moral que caracteriza a la más famosa de las peregrinas, reales o ficticias, inglesas. Nos referirnos, naturalmente, a la comadre de Bath de los cuentos de Chaucer.

¿Y los monarcas ingleses? Tate (1990: 12) afirma que no hubo un solo rey inglés que no prometiera realizar el viaje a Compostela desde los tiempos de Enrique II, Eduardo I, II y III hasta Juan de Gante, padre de monarcas. Tales promesas no brotaban sólo de motivos espirituales, como en el caso del desposorio del príncipe Eduardo (después Eduardo I) con Eleonor, hermana de Alfonso X el Sabio, en 1254. Con todo, el único que llevó a cabo la promesa fue Juan de Gante en 1386, como fue descrito por Jean Froissart:

The fyrst voyage they made, they wente to the chyrche and all theyr chyldren and made theyr prayers and offringe with grete giftes (...) They found there flesshe and strong wyne ynough, wherof the Englysshe archers dranke so moche that they were ofte tymes dronken, wherby thay had the fevers, orelles in the mornyng theyr hedes were so evyl, that they coulde not helpe themselfe all the day after (Froissart 1903: 301)3

Preparativos


A partir del siglo XII, las fuentes, como ya hemos indicado, dejan de ser narrativas para convertirse en burocráticas y los datos que tenemos sobre peregrinos y peregrinaciones son más bien estadísticos. No obstante, permiten que nos hagamos una idea de las actividades previas que la peregrinación requería, así como de las razones que impulsaban a los peregrinos a iniciar su viaje, que en la mayoría de los casos era marítimo. Lomax (1970), en su artículo "Algunos peregrinos ingleses a Santiago en la Edad Media", da cuenta de los pasos que cualquier peregrino prudente seguía antes de partir de Inglaterra: "Era prudente peregrinar en grupo, y sacar cartas comunes de protección. El siguiente paso era evidentemente sacar licencias para barcos enteros de peregrinos; y esto lo hacía el capitán del barco (...). El peregrino importante, armado con su licencia para salir de Inglaterra y una carta de protección para sus propiedades, solía nombrar también a un procurador para cuidar sus asuntos durante su ausencia (...). Algunos peregrinos prudentes hacían su testamento antes de marchar y solían pedir que el rey lo confirmase. Y, naturalmente, si eran funcionarios, cobraban sus retrasos de salario antes de salir"

Otros preparativos debían de incluir el "uniforme" de peregrino, que, según refiere Alvey, incluía una gran capa o cogulla, ceñida con un ancho cinturón, un sombrero de ala ancha, un bastón de peregrino con enseña en la punta, una calabaza o cantimplora, un saco, sandalias en los pies y barba crecida (Alvey 1989: 17).

Tipos de peregrinación


Entre los motivos para peregrinar, y al margen de los puramente religiosos, Robert B. Tate (1990) considera que la peregrinación como experiencia individual "can be said to consist in the pursuit of the spiritual dimension of life outside the daily routine, the search for physical and spiritual relief (both are profoundly linked), or the performance of an act of piety on behalf of oneself or someone else"(1990: 5).4 Sin embargo, y fuera de lo personal, Tate distingue tres manifestaciones históricas que justifican la peregrinación europea:

(a) Exilic pilgrimage. By this we understand that we human beings ultimately belong to

another superior world; that the Christian suffers from permanent alienation herunder (...).

(b) penitential category, By the thirteen century the penitential pilgrimage was fully institutionalised and recognised as one of the legitimate forms of penance. From this practice sprang the granting of indulgences (...).

(c) judicial pilgrimage .A penitential pilgrimage could be transformed from an act of expiation into an instrument of punishment. (...) Eventually sinners/heretics/criminals were sent to specific shrines (Tate 1990: 6).5

Tate cita ejemplos como el caso de Mabel de Boclonde, una adúltera confesa, que en 1326 fue condenada a ser azotada seis veces delante de la iglesia de Woldham, y otras tantas en los mercados de Malling y Dartford, pero cuyo castigo conmutó el obispo por una peregrinación a la tumba de Santiago (1990: 7).

A los tres tipos de peregrinación considerados por Tate, Lomax añade otros dos: la peregrinación diplomática y la peregrinación por procurador. Lomax considera que era frecuente que caballeros ingleses, cuyo principal objetivo al viajar a España era el de mantener abiertas las relaciones diplomáticas con las distintas coronas peninsulares, aprovecharan el viaje para peregrinar a la tumba de Santiago, cumpliendo de este modo con la tradición. La peregrinación por procuradores era una peregrinación por delegación. El Papa podía dar el permiso para que se realizara una peregrinación de este tipo por diversos motivos. Este fue el caso de Tomás Kirkby, un clérigo de la diócesis de Carlisle, que enfermó y juró peregrinar a Santiago y a Jerusalén si se recuperaba. Pero una vez curado pensó que sería más conveniente mandar a otro en su lugar, y obtuvo en 1400 el permiso del Papa Bonifacio IX para que un procurador hiciera el viaje y las ofrendas en su nombre.

Con todos estos datos, es posible esbozar un retrato aproximado del peregrino medieval inglés durante el periodo que va del siglo XI al XV. Sabemos que durante estos siglos los peregrinos ingleses a Santiago eran muy numerosos y pertenecientes a todas las clases sociales, aunque sólo los nombres de los más importantes hayan llegado a nuestro conocimiento. Sabemos también, que la mayoría de los viajes se efectuaban por mar, sobre todo en el caso de los peregrinos más humildes que no podían viajar con la protección de un séquito numeroso, y que los motivos de su peregrinación, diplomacias aparte, eran el fervor religioso o la búsqueda de una solución para una salud quebrantada. Además en 1095 durante el papado de Urbano II, se institucionalizan las indulgencias, y éste se convierte en un motivo añadido que incrementa el número de peregrinos ingleses que viajan a Compostela. Los datos nos permiten afirmar que durante la Edad Media la peregrinación era cosa de hombres, el número de peregrinas durante esta época es escaso, probablemente porque la práctica de la peregrinación se relacionara con las cruzadas, en las que obviamente no tenían cabida las mujeres.

En resumen, podemos decir que el peregrino medieval inglés era varón, de entre 20 y 40 años, diplomático, aventurero, pecador o criminal, prudente en el caso de los acomodados y funcionarios, y, en cualquier caso, piadoso a su modo, que afrontaba con determinación tanto las tempestades del Canal de la Mancha como los peligros y las inclemencias de unos caminos poco aptos para el viaje placentero.

Si en los documentos históricos, narrativos o burocráticos, según la distinción de Lomax, no hemos encontrado referencias al tramo riojano del Camino de Santiago, el panorama no es muy diferente cuando abordamos el estudio de los textos puramente literarios. Con seguridad, diversos peregrinos medievales ingleses atravesarían La Rioja en su camino a Santiago dejando constancia escrita de su paso por nuestra tierra, sin que tales escritos hayan llegado hasta nosotros. La mayoría de los que se conservan describen viajes de peregrinación realizados por mar, desde los puertos ingleses hasta La Coruña, un itinerario que los marinos de la época conocían bien, dadas las intensas relaciones comerciales que Inglaterra y Galicia mantuvieron durante la Edad Media. Pero esta vía marítima impedía que los peregrinos conocieran La Rioja, y por tanto la mencionaran en sus relatos.

La famosa cita de William Langland en Piers Plowman (s. XIV) es una de las primeras referencias literarias al hecho de la peregrinación compostelana:

Apparelled as a pagan, in pilgrim's guise

He bare him a staff, with broad strip bound

That round it was twined like a woodbine's twist;

A bowl and a bag he bare by his side;

A hundred of vials was set on his hat,

Signs from Sinai, Gallician shells; (Passus V, 11 523, SS.)6


Existe, sin embargo, un poema que algunos autores califican de narrativa rimada, fechado aproximadamente en 1425, perteneciente a la Cotton Collection de Oxford, y que aparece en Purchas Bis Pilgrimes, Contayning a History of the World in Sea Voyages, & lande Travells, by Englishmen and others (Los viajes de Purchas, incluyendo una historia del mundo en travesías marinas y viajes terrestres hechos por ingleses y otros), en el que aparecen tempranas referencias a Logroño y Santo Domingo de la Calzada:

Then to the Gruon in Spayne,

That is the last toune certaine,

Of the Realm of Naveron: (...)

Then from the Grune to Sent Domimico

Thou hast tenn long miles for to go.

(Después fui a (Lo )Groño en España/ que es la última ciudad del reino de Navarra. IDe allí fui a Santo Domingo/ que dista diez largas millas)

De los versos de Purchas se deduce que el aspecto religioso de la peregrinación le preocupaba poco, y que los problemas que atraían su atención eran otros, mucho más terrenales. No parece que Purchas encaje entre los devotos ni entre los que buscaban cura para sus males ni entre los diplomáticos, más bien se le podría identificar con un mercader, o con un alquimista, tal es su preocupación por los metales y las aleaciones de las distintas monedas en uso en aquella época. El afán por salvaguardar su oro, engañar con monedas falsas, obtener cambio ventajoso en el trueque de coronas por maravedíes, o por proveerse de agua que aliviara la sed del camino se sobreponen a cualquier otra consideración en los versos que dedica al trecho que va desde Roncesvalles a Santo Domingo.

Un pobre ejemplo, pues, que nos invita a fijar nuestra atención en los siglos posteriores si queremos encontrar huellas más profundas del paso inglés por el tramo jacobeo riojano.


II. PEREGRINOS INGLESES DESDE EL SIGLO XVI HASTA EL XIX


Es muy probable que durante los siglos XVI y XVII se produjera en la mentalidad del peregrino jacobeo un cambio mucho más profundo y significativo que el que pudo darse en los cinco siglos anteriores. Como es bien sabido, el Renacimiento fue un fenómeno extraordinariamente complejo que impregnó todos los ámbitos de la vida, más allá de lo puramente artístico o religioso. La ciencia avanzó por el camino de la experimentación y se abandonaron muchas de las creencias aceptadas hasta entonces sin rigor científico. Junto al avance en los distintos ámbitos de la ciencia, y gracias a éste, se dio otro fenómeno de gran interés para nuestro estudio. Los viajes se convirtieron en una fuente insustituible de información contrastada sobre las formas, los modos y características de los pueblos. El afán viajero hizo que los europeos, además de explorar el recién descubierto Nuevo Mundo, sintieran el deseo de redescubrirse unos a otros y de dejar constancia de ello. Un deseo que siguió incrementándose en los siglos posteriores y que está obviamente relacionado con el desarrollo de la literatura de viajes. Por otro lado, el cambio desde el teocentrismo medieval al antropocentrismo renacentista se tradujo en una considerable pérdida de poder por parte de la iglesia oficial, que permitió la propagación por Europa de las herejías que a partir del siglo XVI darían lugar a la Reforma Protestante.

En el caso concreto de los ingleses, al cambio general en la mentalidad se unió un cambio especialmente profundo en la orientación religiosa y que tendría importantes consecuencias en la percepción de lo que el Camino de Santiago significaba. La promulgación en 1534 de la Ley de Supremacía convertía a Enrique VIII en cabeza de la nueva Iglesia Anglicana y suponía la ruptura con la Iglesia Católica Romana. La negación de la autoridad del Papa dejó sin efecto las indulgencias y privilegios que éste otorgaba a los peregrinos a Compostela y, por lo tanto, el Camino de Santiago perdió su más preciado aliciente. Más tarde, la llegada a las Islas Británicas de las corrientes de pensamiento protestante desde la Europa continental, hizo que el valor religioso de la peregrinación disminuyera aún más a los ojos de los ingleses. En muchos de los textos de la época, con contenido más o menos religioso, se disuadía a los que tenían la tentación de iniciar el viaje, bien aduciendo la falsedad de las reliquias conservadas en los lugares de peregrinación, o bien ensalzando los valores de lo que ellos consideraban auténtica peregrinación que todo cristiano debe acometer: la peregrinación interior.

Entre los textos de carácter religioso que más influyeron en el rechazo creciente de la peregrinación a Compostela, y a cualquier otro lugar considerado santo por los católicos, destaca muy por encima de los demás Pilgrim's Progress, escrito por John Bunyan y publicado por primera vez en Londres en 1678. El texto de Bunyan es una alegoría que describe en términos físicos el viaje interior que el cristiano debe realizar desde la Ciudad de la Destrucción a la Ciudad Celestial. De inspiración claramente luterana, Pilgrim 's Progress constituye un ataque frontal a la Iglesia Católica y a la figura del Papa. Siguiendo los pasos de su maestro, Lutero, quien consideraba probado por las revelaciones del profeta Daniel y de San Juan, y por las epístolas de San Pablo, San Pedro y San Judas, que el reino del Anticristo, predicho y descrito en la Biblia, no era sino el Papado,7 Bunyan retrata al Papa como a un sádico y terrible tirano, agotado por la edad y las vicisitudes pasadas y convertido ahora en guardián de los restos sangrientos de los peregrinos que se aventuraron por el Valle de la Sombra de la Muerte ya los que él empujó a la muerte:

In this light, therefore, he [Christian] carne to the end ofthe valley. Now I saw in m y drearn, that at the end of this valley lay blood, bones, ashes, and mangled bodies of men, even of pilgrims that had gone this way formerly; and while I was musing what should be the reason, I espied a little before me a cave, where two giants, Pope and Pagan, dwelt in old time; by whose power and tyranny the men whose bones, blood and ashes, lay there, were cruelly put to death. But by this place Christian went without much danger, whereat I somewhat wondered; but I have learnt since, that Pagan has been dead many a day; and as for the other, though he be yet alive, he is, by reason of age, and also of the many shrewd brushes that he met with in his younger days, grown so crazy and stiff in his joints, that he can now do little more than sit in his cave's mouth, grinning at pilgrims as they go by, and biting his nails because he cannot come at them (p. 99-100)8.

Como resultado de los adoctrinamientos protestantes, de la Ley de Supremacía y del cambio general en la mentalidad, los ingleses pasaron de peregrinos a viajeros. Los que a pesar de todo se decidieron a realizar el viaje hasta Compostela lo hicieron con un espíritu en el que predominaban el escepticismo, cuando no los prejuicios religiosos, y un afán, apenas disimulado, de desprestigiar el Camino de Santiago y las razones de su existencia. Éste es el tono general que hemos encontrado en los textos ingleses de los siglos XVI y XVII. Los dos textos que comentaremos en detalle son precisamente representativos de estas dos corrientes, la escéptica y la antipapista, cla- ramente reflejadas en la literatura de viajes inglesa de este periodo.

A partir del siglo XVIII, las razones religiosas, de cualquier índole, van perdiendo fuerza y el viaje está motivado en la mayoría de los casos por un interés que podríamos calificar de sociológico y aventurero. El afán viajero se ve propiciado por la mejora en los medios de transporte y en las vías de comunicación. La antigua peregrinación se convierte ahora definitivamente en una aventura de descubrimiento. El atractivo de conocer otras culturas y otras formas de vida se impone a consideraciones de otro tipo. Y lo que es más importante para nuestro estudio, hace que el viaje por mar desde las costas inglesas a las gallegas, que no permite ese descubrimiento, deje de tener aliciente. Los viajeros prefieren el recorrido terrestre, que les brinda la oportunidad de atravesar La Rioja y de relatarlo en sus textos.

Como ya hiciéramos en el caso de la narración en verso incluida en el texto de Purchase, desde un punto de vista filológico consideramos mucho más interesante reproducir las acotaciones en su forma original, respetando las particularidades del inglés de cada época. Debido a la uniformidad temática y estilística de los textos de esta época, hemos optado por seleccionar un número reducido para evitar análisis repetitivos de los mismos aspectos, que incrementaría innecesariamente, en nuestra opinión, la densidad estadística del estudio sin aportar por ello una información más profunda sobre la evolución de la peregrinación a Santiago de Compostela durante el periodo que cubre este capítulo. Los cuatro textos que vamos a analizar a continuación pretenden, pues, ser una muestra suficiente de la evolución de los textos jacobeos durante el periodo que va desde el siglo XVI hasta finales del XIX.



2.1. The Fyrste Boke of the lntroduction of Knowledge made by Andrew Boorde of Physyche Doctor (1870).


[...]


2.2. Rare Adventures and Painful Peregrinations de William Lithgow (1632)


[...]


2.3. The Pilgrim lo Compostella; Being the Legend of a Cock and a Hen, lo the Honour and Glory of Santiago de Robert Southey (1829)

Siguiendo el orden cronológico, el comentario correspondería ahora a un texto de Robert Southey, poeta laureado, amigo y cuñado de Coleridge y reputado hispanista. Se trata de un poema titulado The Pilgrim to Compostella,. Being the Legend of a Cock and a Hen, to the Honour and Glory of Santiago, publicado en 1829, e incluido en el volumen II de Ballads and Metrical Tales. Este escritor encajaría perfectamente bajo el epígrafe de "Escépticos del siglo XIX", utilizado por Patricia Quaife (1990),20 (20 Patricia Quaife (1990). Saint James the Great in English Literature". Confraternity of Saint James Oc. Paper n° 1 London) si bien el escepticismo de Southey se traduce en un relato divertido e ingenioso, con un tono ligero propio de los cuentos navideños. A pesar de la escasa altura formal de su versificación, Pilgrim to Compostella merece una atención especial por nuestra parte, por sus virtudes de ingenio y divertimento. Así, reservamos el apéndice final al comentario introductorio, transcripción original y traducción al castellano del poema, la primera que se ha publicado en nuestro idioma.

Aunque el tema central y la parte más divertida e imaginativa del poema de Southey es la dedicada a relatar la leyenda del milagro del gallo y la gallina, el preludio y la introducción están relacionados con el tema de este segundo capítulo. En ellos Southey recrea con total libertad la leyenda de Santiago y ofrece una relación llena de humor de los tipos de peregrino y de las razones para la peregrinación. Remitimos al apéndice para que nuestros lectores comprueben la versión "southiana" de la llegada milagrosa a Compostela de las reliquias del Apóstol, leyenda que sustenta y justifica el Camino de Santiago. Efectivamente, en estas estrofas que introducen el poema, Southey ridiculiza con su mirada irónica la leyenda y los milagros atribuidos a Santiago al situar la capacidad inventiva de los españoles por encima incluso de la del barón de Munchausen. Además, aprovecha la ocasión para poner en duda el ardor guerrero de los franceses: si para derrotar a los moros, los españoles necesitaron de la ayuda de Santiago, Wellington se sobró y bastó para poner en fuga a los franceses, mientras Santiago lo observaba sin intervenir, asegura Southey. También previene al lector sobre los peligros de demostrar públicamente su escepticismo, y hace un repaso a las razones que han empujado a apurados, comerciantes, previsores, pecadores, hipocondríacos, burladores y aventureros a emprender el Camino de Santiago en busca de solución para sus afanes. Y lo hace en un tono tan ligero y festivo que incluso aquellos que se pudieran ver retratados en su relato no pueden evitar leerlo con una sonrisa de complicidad. Ése es, a nuestro entender, uno de los atractivos de este poema, más evidente aún en la parte en la que, dejando volar sin trabas su imaginación, recrea y amplía la leyenda del gallo y la gallina.


[...]



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IER
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